martes, 14 de febrero de 2017





"EL PRÍNCIPE" DE NICOLÁS MAQUIAVELO


TRES ENSAYOS SOBRE "EL PRÍNCIPE" DE NICOLÁS MAQUIAVELO

                                   



EL PRÍNCIPE de NICOLÁS MAQUIAVELO

Introducción :

El poder ha seducido a los hombres desde los tiempos más remotos.
Su concepción y su practica ha sido heterogénea a través de la historia de la civilización, pero nadie en muchos siglos se había aproximado a develar la naturaleza del poder en forma tan realista y desnuda como Nicolás Maquiavelo: fundador de la ciencia política, aunque hoy en día esta disciplina se ha desarrollado mucho mas allá, la idea que se tiene de Maquiavelo y su libro leído, es la del cinismo como actitud indispensable en las tares del gobierno y expresaba todo lo que había recolectado durante su vida, observando los gobiernos, viendo en que fallaban y en que tenían éxito.

El Príncipe:

El libro escrito por Maquiavelo, era un completo manual de gobierno, en esa época, el sistema de gobierno más común, era el de los señores feudales, llamados también príncipes (primero entre sus iguales), en este libro Maquiavelo habla sobre, cada uno de las situaciones a las que se puede enfrentar un gobierno como este. Al principio, Maquiavelo habla sobre todos los tipos de principados que puedan existir, como los nuevos, los hereditarios, los eclesiásticos, etc..., se habla también sobre los tipos de ejércitos que puede haber, pero sobre este tema, profundizare más adelante, Maquiavelo habla también sobre las personas, por las cuales hay que cuidarse, y sobre las personas en las cuales hay que confiar, por supuesto todo lo que dice, lo apoya ejemplificando con hechos históricos los que respaldan sus tesis. La mayoría de estos hechos, que son usados como ejemplos, son situaciones ocurridas, la mayor parte, en Italia, España y Francia, Maquiavelo ocupa muchos ejemplos de situaciones actuales (para el por cierto), habla sobre los papados y sobre el reinado de Fernando de Aragón, los cuales eran contemporáneos a él.
Exclusivo para príncipes de la época, puede ser utilizado en cierta parte en la actualidad, ya que Maquiavelo se guía mucho, por la mente del hombre y como según él, reaccionaría en diversas situaciones, debido a que el hombre no ha reformado mucho su mente, hay muchas situaciones en que el hombre, actuaría igual a como actuaba hace siglos atrás.
El poder considerado como uno de los ámbitos de realización del espíritu humano, y el fenómeno político visto como la expresión suprema de la existencia histórica que involucra todos los aspectos de la vida, es la concepción que subyace en las disertaciones de El Príncipe.
El Príncipe, él debe extraer las premisas necesarias para desenvolverse en un mundo cambiante. El éxito de un soberano radica en tomarle el pulso a las situaciones, valorarlas y armonizar su conducta con la dinámica inherente a ellas. Son las necesidades las que impondrán una respuesta. Y con ello Maquiavelo demuestra que los hombres se miden con el mundo y actúan sobre él. Premisa infalible que había olvidado la Edad Media. Para Maquiavelo los fines políticos eran inseparables del "bien común".
El bien del Estado no se subordina al bien del individuo o de la persona humana en ningún caso, y su fin se sitúa absolutamente por encima de todos los fines particulares por más sublimes que se consideren. El sentido de la vida y de la historia, no acaba para los hombres si ellos prosiguen en la tarea de perfeccionar la sociedad sobre bases racionales que los trasciendan más allá del simple plano individualista o de atomización social en el que viven dentro de las sociedades contemporáneas de finales del siglo XX. La permanente transformación de la política, como la soñó Maquiavelo, puede ser el camino para la humanización del poder y la sociedad.
La política es por tanto el arte de el príncipe o gobernante en cuanto tal. Y el príncipe, en cuanto conquistador y dueño del poder, en cuanto encarnación del Estado, está por principio ( y no por accidente) exento de toda norma moral. Lo importante es que tenga las condiciones naturales como para asegurar la conquista y posesión del poder.
Para Maquiavelo la razón suprema no es sino la razón de Estado. El Estado ( que identifica con el príncipe o gobernante), constituye un fin último, un fin en sí, no solo independiente sino también opuesto al orden moral y a los valores éticos, y situado de hecho, por encima de ellos, como instancia absoluta.
Los ejércitos: arma y defensa, Maquiavelo se refiere a cada uno de los tipos de ejércitos que puede tener un principado. Tomando en cuenta los beneficios y dificultades que le puede traer a un principado.
Ejército Mercenario: Este ejército pagado, es el peor ejército, al trabajar solo por dinero, es muy simple que no hagan bien su trabajo y existe la gran posibilidad de que se revelen en contra del príncipe, lo cual podría finalizar en la pérdida del poder. Este ejército es muy peligroso y poco confiable.
Ejército auxiliar: Es un ejército que no es propio y a la larga termina poniendo al principado en una situación de deuda con el otro principado al cual le pertenece el ejército. El principado pierde su independencia militar y queda atado a la merced del otro principado.
Ejército propio: Este es el mejor ejército que un principado podría tener, por la simple razón de que son los únicos que son enteramente leales al príncipe y que son los más confiables, es muy difícil que un príncipe sea traicionado por su propio ejército. Es este ejército en el quien puedes confiar una batalla, ya que son entrenados según tus mandatos.
Ejército mixto: Es la mezcla entre un ejército propio y uno auxiliar.
Maquiavelo habla sobre este tema gran parte del libro, lo que evidencia que es un tema de gran importancia en la época y con razón ya que las constantes luchas por territorios y rutas de comercio, hacían indispensable que cada principado tuviera su ejército para defenderse o atacar.

Conclusión:

Manual indispensable para todo aquel que quiera gobernar y no ser odiado al mismo tiempo.
La obra representa una interesante perspectiva para comprender la evolución social y política del mundo moderno surgida en el Renacimiento.
Desde el año 1513, fecha de su publicación hasta hoy, el impacto de ese tratado de política, El Príncipe ha suscitado las más complejas y atrevidas interpretaciones en los estudios sobre el fenómeno del poder y en los gobernantes mismos.
Maquiavelo no era un mal hombre, ni un asesino, ni un intrigante de sangre fría. Por lo contrario, era un ardiente partidario de las instituciones republicanas, que percibía más claramente que el resto de sus compatriotas.
Como ningún Estado podría prosperar donde la moral había fallado, como había ocurrido en Italia.
En lo personal me parece que fue el implacable realismo de Maquiavelo lo que permitió diagnosticar precozmente el sentido del naciente orden europeo, establecer los fines ideológicos que convenían a la comunidad de la que formaba parte y señalar los medios eficaces para lograrlos a partir de las situaciones reales que predominaban en la Italia de su tiempo.


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EL PRÍNCIPE de NICOLÁS MAQUIAVELO




Si lo que se busca es un punto de vista analítico y como un fin en sí mismo para comprender las vías y mantener el poder a todo costa y a cualquier precio , entonces se encontrara con consejos prácticos y útiles en las lecciones maquiavélicas. No es que Maquiavelo estuviera equivocado en sus pensamientos, es solo que en el “Príncipe”, dio una concepción de forma imaginativa y artística, una ideología política que no se presenta como una fría utopía, ni como una argumentación doctrinaria, si no como una creación de una fantasía que actúa sobre un pueblo disperso para organizar a voluntad colectiva, me refiero a utópico puesto que dentro del carácter de el Príncipe , se convierte en un personaje objetivo y existente.

Es aquí en donde vemos como debe conducir  al pueblo a la fundación de un nuevo estado, Pues en la antigüedad  ha habido distintas formas de gobierno, esto a lo que Maquiavelo llamaba principiados;nos dice que existen 2 tipos de ellos, los hereditarios y mixtos o nuevos. Hereditarios, aquellos de sangre descendiente de una familia que ha reinado por años , pues es precisamente por ellos que es más fácil conservar un estado hereditario, acostumbrado a una dinastía que a uno nuevo, ya que no solo basta con no alterar el orden establecido por los príncipes anteriores si no contemporizar con los nuevos; después vienen los mixtos , los nuevos  pueden  serlo del todo o ser considerados como miembros agregados al estado hereditario del príncipe que los adquiere por las armas o por las ajenas , por la suerte o por la virtud.
Estudia los diferentes clases de principiados, el cómo se adquieren y como se conservan, puesto que el pueblo debía ser gobernado de tal manera que cuando el estado se encontrara en libertad no se rigiera por sus propias leyes , se podría decir que para un principiado era el único medio para dominar una ciudad acostumbrada a vivir libre era destruirla, pues quien se hiciera dueño de una ciudad así y no la aplaste, lo único que conseguiría seria ser aplastado por ella.
Un principiado no las tenía del todo fácil, este lo adquiera con ciertas dificultades, en partes por las nuevas leyes y costumbres que se ven obligados a implantar para fundar el estado y prever la seguridad.
Superando ya todos estos obstáculos viven poderosos y seguros, pero antes deberá enfrentarse a  sus enemigos y defenderse, así como también conquistar a  amigos, vencer por la fuerza o por el fraude, hacerse amar o temer de los habitantes e incluso matar a los que puedan perjudicarlo.
En pocas palabras se trata del tema del poder, explica cómo debe ser un príncipe, las virtudes que ha de tener, cómo llegar al poder, manejar un principado y sus habitantes, cómo mantener todo en orden para evitar conspiraciones, traiciones, cómo controlar a un ejército y las relaciones diplomáticas con otros estados. También muestra la realidad política a lo largo de la historia mediante numerosos ejemplos y la política vista como "arte de conquistar el poder".
Entonces ¿Cómo puede ser gobernado el pueblo? O mejor aun ¿Quién es la mejor persona para gobernarlo? Se expone pues un sistema político , en el que según los criterios se han olvidado por completo de la ética y la política que predicaron en sus tiempos platón y Aristóteles, ahora bien un hombre bueno, moral y honrado no puede, según palabras de Maquiavelo ser un buen político, pues bien como se dice “El Fin Justifica Los medios “, Por tanto significa que para conseguir algo debe estar dispuesto a cualquier cosa, a utilizar cualquier método posible sea bueno o malo, sea ético o sea moral, creo que nada justifica ciertas cosas, resulta claramente insostenible, no sólo desde la ética sino desde el más elemental sentido común. Esta interpretación justificaría cualquier acción, por muy absurda, injusta y desproporcionada que fuese. Sin embargo, Maquiavelo se refería a la política, teniendo en cuenta que ésta no es moral ni ética, sino que se justifica por sí misma, por su exigencia intrínseca de conducir a los hombres a una forma ordenada y libre de convivencia, y halla su límite en la posibilidad de éxito de los medios adoptados. Algunos medios extremos y repugnantes son impolíticos porque se vuelven contra quien los emplea y hacen imposible el mantenimiento del estado. El dominio de la acción política se extiende a todo lo que ofrece la garantía del éxito, que no es más que la estabilidad y el orden de la comunidad política.
Lo que Maquiavelo expone sigue en vigor hoy en día, pero solo para aquellos quienes lo ponen en práctica, en concreto el autor estudia y traslada el papel de los procedimientos por los que cualquier hombre ambicioso puede llegar al poder.
Para Maquiavelo es consciente de que el poder no basta para conseguirlo, si no que hay que conservarlo, también hay que acrecentarlo día a día con el apoyo de la ciudadanía misma, pues sus bases son fundamentales para la consecución de un buen gobierno, pues antes la opinión pública no existía como tal, el sabia de esto y la importancia que para el príncipe tenía el apoyo de sus súbditos.
Según  Maquiavelo para ser un buen gobernante, el príncipe necesita contar con la amistad del pueblo, siendo tanto por sus propios medios, meritos o por su suerte es fundamental reconquistar poder y ofrecer a los ciudadanos una buena forma de gobernar, de hacer política y de dirigir al país mismo.
El autor no se equivocaba en que la comunicación era imprescindible y aunque alegado a la cuestión ética, sabía que se tenía que estar preparado para llevar las riendas.
Así que siendo un mito tanto como si no, no podrá ser una persona real o un individuo concreto, solo puede ser un organismo, un elemento de sociedad complejo en el cual comienza a presentar una voluntad colectiva, reconocida y afirmada parcialmente en la acción.
La necesidad de un príncipe gobernante parte de la desunión de los estados que nombre anteriormente, ya que dicha separación se debía a los malos gobernantes que no tuvieron las facultades suficientes para imponerse ante el pueblo y originar un solo gobierno que tuviese el control sobre todos los Estados. Según Maquiavelo en su obra, hasta la mínima acción que realice una persona que codicia ser príncipe, será una base o la destrucción de lo que logre construir en un futuro. Como por ejemplo, hoy en día alguien que codicia ser presidente de un país necesitar realizar sus acciones a través de un partido político, donde tienen que ser estratégicos para persuadir al pueblo y que este vote por él, y así poco a poco es que se busca una vía para llegar al poder.
Según Maquiavelo existe más de una forma de concebir el poder. Entre ellas menciona algo que fue parte de una nueva evolución que el hombre tuvo en el Renacimiento, que es la separación del poder de la Iglesia sobre el Estado. Por que si se quiere hacer política se tiene que dejar a un lado todos los dogmas de la Iglesia y empezar a actuar más independientemente. Cuando digo independientemente me estoy refiriendo al no estar sujeto a lo que un "Dios" pide. Ya que la política o más bien lo que se quiere obtener que es un gobierno, tiene que ser una institución de invención humana que no se relacione con creencias religiosas como es la divinidad. Además de esta separación del pensamiento religioso del pensamiento político, propone otra forma de concebir el poder que es a través de la guerra. Para poder entender esta propuesta, hay que analizar las vías que te llevan a adquirir un principado, el cual se tiene que observar en los instantes que tienen dificultades, como podrían ser algún tipo de disturbios que se dé entre el Estado y sus súbditos. En estas ocasiones es donde el interesado en conquistar debe entrar con sus tropas con agilidad y destreza, para derrocar el gobierno que estuviese al poder de la comunidad, y obtener una victoria. Por supuesto que esto dependerá de la influencia que tenga el conquistador sobre su ejército.
Maquiavelo dice que un príncipe debe ser muy astuto en los aspectos políticos y parte de esta astucia consiste en el estudio de gobiernos anteriores que fueron fracasados. Porque no hay mejor cosa, que el aprender de los errores que cometen los demás, precisamente para ser cautelosos y no cometer los mismos errores. Refiriéndose al pueblo una estrategia muy eficaz propuesta por Maquiavelo, es en la que el príncipe debe vivir con el pueblo, es decir vivir la realidad del pueblo. Porque para conservar un gobierno, la armonía con el pueblo será necesaria sobre todo en los periodos de guerra.
Un príncipe, a la hora de gobernar tiene que ingeniárselas para debilitar a los que tienen mucho poder y que te puedan causar problemas en tu mandato. Otra cosa que Maquiavelo desea ver en su príncipe, es la desconfianza hacia el extranjero, y preferiblemente tener un cuidado en la penetración extranjera sobre tu Estado. Porque ya se ha visto a través de la historia, la ruina de muchos gobiernos por culpa de las invasiones extranjeras. Un príncipe, como parte de las virtudes que debe tener está el ser desconfiado, o sea no fiarse de cualquier persona, y tener un buen ojo al momento de elegir sus amistades. Además un príncipe, siempre debe ser digno de ejemplo a seguir y ante todo darse a respetar
Algo que merece mención, y además tomarlo siempre en cuenta para conservar el poder, es el manejo de las leyes. Muchas veces cuando un príncipe conquista un nuevo Estado, se encontrará con personas descontentas por su conquista, y lo único que estas personas esperan del nuevo gobierno son cosas malas. Y que mejor oportunidad puede tener un príncipe, para que el pueblo descontento confié en él, como el de demostrarles que de quien esperaban mal les trae bien. El bien que les puede proporcionar el príncipe, puede ser mejorando leyes que vayan enfocadas a la realidad del pueblo. Como he dicho, las actitudes que muestre un príncipe a la hora de su mandato serán el fruto o la sequía de su gobierno. Maquiavelo planteó todas estas estrategias políticas, porque era como una forma de darle una ayuda o un inicio de actitud al político al que desease ser príncipe.
Entonces, El Príncipe es como una visión futurística para que el gobierno de un nuevo príncipe logre consolidar las diferentes situaciones. La mayor parte de esta visión, está expuesta en todas las formas en la que debe actuar un príncipe ante su gobierno. Pero la falta de ética se ve en muchos de los consejos de Maquiavelo. Ya que Maquiavelo dice "Quien quisiera ser siempre bueno, se arruinará en medio de tantos que no son buenos". Así que en su propuesta de política el hacer el bien, no siempre será la mejor arma para un príncipe, porque si es algo que el hombre tiene como por naturaleza, que aún no logro entender, es el comportamiento inadecuado hacia las personas que únicamente te brindan bien y que evitan verte descontento. Por eso Maquiavelo pide en un príncipe no solo buenas virtudes sino actitudes maquiavélicas que se deberán utilizar en algunas ocasiones para tener respeto y autoridad de parte de los súbditos.
En el mundo moderno solo una acción de este tipo pudiendo llamarse histórica, inmediata, es caracterizada por la necesidad de un procedimiento rápido y fulminante, la rapidez se torna necesaria, cuando se enfrenta a un gran peligro, aniquilando el sentido crítico y la ironía , ya que puede destruir el carácter carismático.
Por otra parte una cualidad importante debiera estar dedicada a la cuestión de una reforma intelectual y moral, es decir a la cuestión religiosa o de una concepción del mundo, pues esta debe ser organizada de una manera intelectual, lo cual significa que se debe crear el entorno para un desarrollo ulterior de la voluntad.
Es fundamental porque son incorporadas en la primera parte, es decir, que resulten dramáticamente del discurso y no una fría y pedante exposición de razonamiento.
Este se desarrolla y perturba todo el sistema de relaciones intelectuales y morales en cuento a su desarrollo significa que cada acto es concebido como útil o dañino, como virtuoso o perverso y sirve para incrementar su poder u apoderarse de el, el príncipe se ocupa en las conciencias, el lugar de la imperatividad y de todas las relaciones y costumbres.

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Leer hoy a Maquiavelo

Ramin Jahanbegloo



No podemos entender al pensador italiano si no nos liberamos de la influencia del maquiavelismo de nuestra propia historia. Su concepción de la política, laica y autónoma, marca la transición a la modernidad

El libro más famoso de Maquiavelo, El príncipe, fue escrito hace exactamente 500 años, y desde entonces ha inspirado a dirigentes políticos de todo el mundo. El libro se incluyó en el Índice de libros prohibidos de 1559 y a su autor le denominaron “El malvado Maquiavelo”. La ira no se ha disipado con el tiempo. Pero lo que conviene preguntarse es: ¿Por qué molestarse hoy en leer a Maquiavelo? ¿Por qué leer El príncipe o Los discursos?Una respuesta fácil es que Maquiavelo es el fundador de la filosofía política moderna. Otra es que es el primer teórico político de un mundo desencantado en el que el individuo está solo, sin Dios, sin más motivos ni propósitos que los que le proporciona su propia subjetividad.

Esto se aproxima tal vez más a nuestras preocupaciones en el mundo actual. Lo más relevante para nosotros en el pensamiento de Maquiavelo es no solo su nueva ciencia del arte de gobernar, sino lo que podríamos llamar el “Maquiavelo antimaquiavélico”. Precisamente ahí es donde debería comenzar una lectura no maquiavélica de Maquiavelo. Maquiavelo no era maquiavélico, y los maquiavélicos no son lectores intensos ni perspicaces de Maquiavelo. Por supuesto, es difícil no juzgar su figura a través de la obra de una larga línea de comentaristas o atribuirle las teorías a las que se ha recurrido posteriormente para explicar su pensamiento. Es esencial descubrir en qué consiste exactamente su genio y en qué se asemeja su actitud a la nuestra en relación con nuestras pasiones políticas. Maquiavelo es nuestro, sin duda. Sus palabras no pasan de largo, ni proceden de otra época y otra cultura. Nos desafía desde nuestro propio mundo, y ese reto que plantea es total.

En realidad, lo que pone de relieve el análisis de Maquiavelo es la condición política en sí misma. Si los seres humanos dejaran de ignorar el papel de la Fortuna en sus asuntos y reconocieran sus limitaciones a la hora de establecer instituciones políticas y blindarse contra los caprichos del tiempo y el azar, podrían entrar en la vida política animados por un espíritu cívico. La política se orienta hacia la acción, y, para que la acción sea posible, los hombres deben desempeñar su papel. Es posible empezar de nuevo siempre que los seres humanos actúen unidos y en política, y esa es la convicción más profunda de Maquiavelo.

Evidentemente, la política así concebida está sujeta a todas las ambigüedades de la acción política. Hoy, en una época en la que las ideologías están desacreditadas y la globalización ha provocado el deshielo de sistemas políticos anquilosados, muchos consideran que la acción política es una carga desagradable. Otros, a través de ella, tratan de inculcar en los ciudadanos un sentido unívoco y monolítico del bien público. Por eso “lo público” está en constante peligro de ser aplastado por los enemigos de la libertad o por los ciudadanos que se olvidan de sus responsabilidades. La primera posibilidad es el destino político de los fundamentalismos religiosos, y la segunda, se puede ejemplificar en la experiencia occidental de la política “irresponsable”, desarrollada con arreglo a una definición cada vez más privada y materialista de la búsqueda de la felicidad.

Lo que distingue a Maquiavelo de los políticos de nuestro tiempo es que no se presenta al frente de un partido que representa a una clase o una raza universal ni en nombre de la humanidad. Para él, no existen criterios por encima de la política. En otras palabras, el pensamiento político de Maquiavelo, en principio, es hostil a las declaraciones partidistas, que engañan a cualquier político o ciudadano que se las tome en serio. Maquiavelo considera que el dato fundamental no está en la pregunta “¿Quién gobierna?”, sino en “¿Cómo gobierna?”. Cuando un gobernante funda un régimen totalmente nuevo a mayor gloria de sí mismo, de paso cree que así prevalecen “la verdadera forma de vida y la auténtica calma de una ciudad”.

El argumento de Maquiavelo es que las cosas humanas se mueven y, por tanto, los asuntos humanos sufren altibajos. No se puede evitar el cambio, pero los hombres deben dedicar su talento político a mantenerse seguros dentro de él. Sin embargo, añade Maquiavelo, “los hombres no pueden estar seguros sin el poder”. Por eso sugiere una expansión del poder humano.

En vez de usar el modelo de los seis gobiernos clásicos para referirse al ciclo inevitable de bien y mal en la política, Maquiavelo pide una “república perpetua” como condición para el progreso de toda la humanidad. Al decir “república perpetua”, se refiere a la expansión del poder de actuar. Como la naturaleza otorga a los hombres el conocimiento, pero no la facultad de actuar, los hombres deben actuar por su cuenta, sin esperar la ayuda ni de Dios ni de la naturaleza. Dios y la naturaleza no ayudan a los hombres a ejercer el poder, por lo que no existe ninguna ley natural ni ningún derecho natural que sean el fundamento de la política. En otras palabras, la doctrina moderna de la soberanía comienza cuando Maquiavelo se apropia del poder que antes los hombres ejercían, en teoría, para cumplir la voluntad de Dios.

El Estado, pues, debe ser el dominio de la estabilidad en la caótica esfera de los cambios naturales y las pasiones humanas. Por eso, a diferencia de los clásicos, Maquiavelo cree que la política es una entidad artificial creada por el talento humano. Para comprender este punto, hay que recordar que la teoría política de Maquiavelo se presenta como una teoría “laica” y mundana, y su aplicación práctica, además, entraña una nueva dimensión ontológica. Esa nueva ontología política inaugurada por Maquiavelo, por tanto, se puede considerar un momento de transición hacia la modernidad.

Al reflexionar sobre el establecimiento de lo político desde el horizonte final, Maquiavelo busca la forma de superar los dos límites teóricos fundamentales de la lógica de lo teológico y lo político: la falta de una teoría de lo político y que no se basa en una historia de hechos ocurridos. Maquiavelo vuelve a los paganos, más allá de lo ontoteológico, para hallar una manera de concebir la historia en función de una teoría política de los acontecimientos, en la que dichos acontecimientos se vean como el encuentro entre lo político y el movimiento real de la sociedad.

No es ninguna exageración decir que, con Maquiavelo, el pensamiento político europeo alcanza en ciertos aspectos una extraordinaria emancipación de la autoridad religiosa y la concepción medieval del hombre. Ahora bien, para liberar su mundo de la tiranía del pasado y del dominio de los textos medievales, Maquiavelo acude al mundo antiguo. Más aún, que Maquiavelo consulte a los clásicos no solo representa una gran aventura intelectual, sino también una forma de igualar tal vez los logros políticos y las hazañas filosóficas de los tiempos antiguos.

Estas ideas sobre el mundo clásico y el proceso histórico son el trasfondo filosófico que da auténtica originalidad a la obra de Maquiavelo. En vista de ellos y de las conclusiones a las que llega Maquiavelo, resulta todavía más extraordinario que la lectura de sus escritos nos pueda ayudar a comprender la idea maquiavélica de “entrar en política” como forma de dejar atrás nuestro maquiavelismo. No podemos entender el verdadero carácter del pensamiento de Maquiavelo si no nos liberamos de la influencia del maquiavelismo en nuestra propia historia. Para hacer justicia hoy a Maquiavelo y entender mejor sus opiniones, debemos considerarle mucho más que un pensador sobre la razón de Estado. Si lo hacemos, veremos que su interpretación de la política y su insistencia en que es autónoma forman la aportación más original a la historia de las ideas políticas.

Ramin Jahanbegloo, filósofo iraní, es catedrático de Ciencias Políticas en la Universidad de Toronto.


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