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martes, 26 de septiembre de 2017



(Nyack, 1882 - Nueva York, 1967)



"Si puedes decirlo con palabras, es que no hay razón alguna para pintar".



Edward Hopper es ampliamente reconocido como el pintor realista más importante de la América del siglo XX. Pero su visión de la realidad era selectiva, reflejando su propio temperamento en los paisajes urbanos vacíos, paisajes y figuras aisladas que eligió pintar. Su trabajo demuestra que el realismo no es simplemente una copia literal o fotográfica de lo que vemos, sino una representación interpretativa.


Su reacción a los impresionistas se refleja directamente en su propio arte. Se olvidó de los oscuros interiores de sus días estudiantiles de Nueva York, cuando fue influenciado principalmente por los grandes artistas europeos Francisco Goya, Caravaggio, El Greco y Diego Velázquez. La influencia de los impresionistas, como Edouard Manet, Paul Cezanne y Edgar Degas se refleja directamente en su propio arte. Su paleta se iluminó y empezó a pintar con ligeros y rápidos golpes. Incluso en 1962, podría decir: "Creo que todavía soy un impresionista".


En la obra más famosa de Edward Hopper, Nighthawks (1942), hay cuatro clientes y un camarero, que están, durante la noche, en un restaurante brillantemente iluminado. Era una pieza creada durante un tiempo de guerra; muchos creen que la desconexión, de los clientes, con el camarero, y con el mundo exterior, representan los sentimientos de muchos estadounidenses durante este período, debido a la guerra.(otra interpretación : la fachada no tiene puerta; el espectador no está invitado a adentrarse, sólo a observar. El sociólogo estadounidense Richard Sennet llama a este tipo de situaciones o eventos “la paradoja del aislamiento en medio de la visibilidad”).El autor dijo sobre la obra: “Un restaurante en la Avenida Greenwich en Nueva York dónde dos calles se cruzan”.


Los temas de las tensiones entre los individuos y el conflicto entre la tradición y el progreso tanto en las zonas rurales como en las urbanas son temas a los que Edward Hopper siempre regresa, ya que los artistas siempre han regresado a sus temas queridos (Van Gogh a sus Girasoles, y Monet a sus Nenúfares).


Los noctámbulos
Nighthawks, 1942. Óleo sobre lienzo, de 84x152cm.


Casa junto a las vías de tren
House by the Railroad, 1925


Gasolinera
Gas, 1940


Habitación de hotel
Hotel Room, 1931


Automat, 1927 (*)


Oficina por la noche
Office at Night, 1940


Habitación en New York
Room in New York, 1932


Personas tomando sol
People in the Sun_1963


Cape Cod Evening, 1939

Edward Hopper en su estudio, 1938


Autoretrato
Self-Portrait, 1925-30

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(*)  restaurante automático o automat; es un restaurante de comida rápida en el que se sirven platos simples y bebidas mediante máquinas expendedoras a monedas o billetes.


viernes, 14 de julio de 2017




Georgia O'Keeffe




(Sun Prairie, Wisconsin 1887 - San Vicente de Santa Fe, New Mexico 1986).
Su nombre completo era Georgia Totto O'Keeffe.

Georgia O’Keeffe fue una de las máximas representantes del arte moderno que surgió en Estados Unidos en torno a la figura del fotógrafo y galerista Alfred Stieglitz. Pertenece a la llamada Escuela Preciosista americana; a lo largo de su vida desarrolló un estilo personal que público y crítica identificaron como la expresión del nuevo arte indígena americano.

Su infancia y adolescencia transcurrieron en un entorno rural. 

Se formó en el Art Institute of Chicago entre 1905 y 1906 y en 1907 se trasladó a Nueva York, donde siguió las clases de la Art Student League (pero se vio obligada a abandonar los estudios y a comenzar a trabajar como ilustradora en Chicago), y conoció el arte europeo (Rodin y Matisse) a través de sus visitas a la galería 291 de Stieglitz.

A partir de 1911 fue maestra de arte de educación primaria, tarea que compaginó con la asistencia a los cursos de verano de Alon Bement en la University of Virginia.

En 1912 estudió en la Universidad de Virginia en Charlottesville.

Durante 1914 residió unos meses en Nueva York y asistió al Teachers College de la Columbia University. Desde ese momento tomó contacto con la vanguardia neoyorquina a través de las revistas Camera Work y 291, editadas por Alfred Stieglitz, y de la correspondencia con Anita Pollitzer, a la que en 1915 envió ejemplos de sus primeras obras abstractas sobre papel. 

Éstas obras impresionaron a Stieglitz, que organizó su primera exposición individual en 1917; al año siguiente, O'Keffe volvió a Nueva York y se unió al grupo de artistas de vanguardia que se reunían alrededor de la galería 291, gracias al patronazgo de Stieglitz.

Desde 1918 convivió con él y en 1924 contrajeron matrimonio. A partir de ese momento y hasta 1946, año de la muerte de Stieglitz, expuso su obra prácticamente cada año en sus diferentes galerías. 

Durante la década de 1920 Georgia O’Keeffe llegó a su madurez artística, que se manifestó en una particular combinación de simbolismo, abstracción e interés por la fotografía. 

Sus obras más conocidas son las grandes pinturas de flores ampliadas a una escala gigante, como Black Iris de 1926. A partir de 1920 pintó en series, como las seis versiones de Jack-in-a-Pulpit de 1930. En 1929 visitó por primera vez Nuevo Méjico, donde acabará viviendo a partir de 1946 (año de la muerte de Stieglitz).



Georgia O'Keeffe y Alfred Stieglitz



En 1924 O’Keeffe realizó Petunia n. 2 (Santa Fe, Peters Gallery), que fue la primera de sus flores de gran formato, que pronto se convertirían en sus obras más aclamadas. Poco después comenzó una serie de paisajes urbanos que tenían como protagonista a la ciudad de Nueva York y en 1931 realizó su primera pintura de huesos. 

Sus obras preciosistas más conocidas son vistas de las calles de Nueva York desde la ventana de su apartamento, en el piso treinta y tres, del Shelton Hotel. Durante los años treinta y cuarenta, amplió su repertorio de imágenes y pintó huesos y cráneos de animales, paisajes de Nuevo Méjico o su casa de abobe.

En 1949 se trasladó definitivamente a Abiquiu (Nuevo México), donde desde 1929 había pasado muchos veranos. Sus obras de este periodo fueron en su mayor parte reelaboraciones de ideas anteriores. 

En 1953 visitó Europa por primera vez y empezó a viajar mucho; los viajes en avión le aportaron nuevas imágenes: rascacielos con nubes y vistas aéreas del territorio. Ganó numerosos premios y realizó exposiciones en los Estados Unidos.

Su primera retrospectiva fue organizada por el Whitney Museum of American Art de Nueva York en 1970. Seis meses después, se quedó parcialmente ciega y dejó de pintar, hasta que su asistente y amigo Juan Hamilton la convenció para que retomase su trabajo en 1975, aunque hizo pocas obras hasta su muerte.





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parte de su obra


Abstracción. Resplandor I, 1921
Óleo sobre lienzo. 71 x 61 cm
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Desde las llanuras II, 1954
Óleo sobre lienzo. 122 x 183 cm
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Lirio blanco nº 7, 1957
Óleo sobre lienzo. 102 x 76,2 cm
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Calle de Nueva York con luna, 1925
Óleo sobre lienzo. 122 x 77 cm
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Cow's Skull Red, White, and Blue, 1931
Óleo sobre lienzo. 101.3 x 91.1 cm
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Cow's Skull with Calico Roses, 1931
Óleo sobre lienzo. 91.4 x 61 cm
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Jimson Weed, 1936
Óleo sobre lino. 180 cm x 212 cm
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Music Pink and Blue II, 1918
Óleo sobre lienzo. 88.9 x 76 cm
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Two Calla Lily on Pink, 1928
Óleo sobre lienzo. 101.6 x 76.2 cm
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martes, 11 de abril de 2017



Murió James Rosenquist, 
uno de los pioneros del pop art.




Fundador de esta corriente junto a Roy Lichtenstein y Andy Warhol, ha fallecido a los 83 años después de una larga enfermedad.

Andy Warhol murió en el 1987 tras una inesperada arritmia postoperatoria a los 58 años. Roy Lichtenstein murió en 1997 al complicársele una neumonía a los 73. Y, ahora, James Rosenquist, el tercer pie del llamado pop art, ha muerto, también en Nueva York como los dos anteriores, a los 83.

Quizá por haber vivido más que los otros dos, por ese halo desmitificador que le da haber fallecido plácidamente en su residencia neoyorquina un viernes del siglo XXI tras una larga enfermedad o quizá por ser el menos pomposo de los tres, Rosenquist (Grand Froks, Dakota del Norte, 1933) también fue el menos célebre. El menos “pop” de su género, podría decirse, que apenas tuvo una retrospectiva en 1973 en el Whitney Museum y, 30 años después, otra en el Guggenheim de Nueva York.

“Nunca me preocuparon tanto los logos o las marcas o las estrellas de cine, como a Andy (…) y al contrario que Roy no estaba interesado en la simulación irónica de los medios pop. Yo quería hacer cuadros misteriosos”, resumió en su autobiografía “Pintura bajo cero”, editada en 2009. Él, además, siempre rechazó esa etiqueta pop para este movimiento. “Nos unía una actitud irónica hacia las banalidades de la cultura del consumo estadounidense. Si acaso, deberían habernos llamado artistas antipop”, decía en ese mismo libro.

Rosenquist venía de una familia muy humilde que trabajaba en la aviación (“ver un dólar era como ver una rana con pelo”, explicaba) en una Dakota del Norte cuya tierra “tan plana como una pantalla en la que podías proyectar cualquier cosa que te imaginaras”. Al empezar a estudiar en la escuela de Artes de Minneapolis, se fascinó con Norman Rockwell, con los murales de Diego Rivera y con los collages surrealistas. Pronto empezó a trabajar como pintor de vallas publicitarias y por la noche sacaba tiempo para crear sus propias obras, hasta que entendió que podía fusionar las dos cosas en una, sobre todo cuando en 1960 abandonó la cartelería publicitaria definitivamente tras perder a dos compañeros en el andamio.

Siempre le quedó la admiración por “el carácter práctico, artesano de esos pintores caminando en sus petos, sin hacer ningún tipo de alarde de su arte sino simplemente haciendo su trabajo”. Cuando hablaba de su paleta de colores decía “mi alfabeto cromático vino de los espagueti franco-estadounidenses y el burbon de Kentucky”, aunque cuando llegó a Nueva York en 1955, tras unos años dedicado a los carteles de las tiendas de caramelos de Brooklyn, se metió de lleno en el epicentro de los artistas del momento: compartió aulas con George Grosz, estudio con Agnes Martin, frecuentaba el Cedar Tavern en el Greenwich Village como William de Koonig y era vecino de Robert Montana y Jasper Jones. Cuando iba a Hollywood, quedaba con Dennis Hopper. Así, en 1962, la galería Green Gallery le dedicó su primera exposición monográfica y vendió todos los cuadros.

Sus pinturas y sus collages tenían siempre un toque inquietante. Su trabajo probablemente más famoso, F-111, de 1965, estuvo, además, cargado de mensaje político antimilitarista, pues era un collage con un bombardero en plena Guerra Fría, una niña con un brillante secador de pelo, espagueti, una bomba atómica y un neumático de coche. Lo había pintado tras visitar a su amigo Eugene Rukhin en San Petersburgo (entonces Leningrado). “Entendí que esa gente (los rusos) nunca iba a empezar una guerra con nosotros (…) Cuando vi una foto de ese nuevo bombardero F-111 que no había volado todavía, pensé: ‘Menuda pérdida de tiempo y de dinero’”, explicaría en 2012 en una charla en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA), institución que tiene en su colección permanente este cuadro, que fue el más grande jamás subastado cuando se vendió en 1986.

Mientras Warhol pintó a Jackie Kennedy, él optó por retratar a JFK en President Elect, aunque también dibujó, de manera muy diferente, a Marilyn Monroe. En Fahrenheit 1982 retrató una uña roja convertida en una pluma de escribir y cambiando la hoguera por el fuego de un cohete. En 1978, el presidente Jimmy Carter lo hizo miembro del Consejo Nacional de las Artes, al que perteneció durante seis años, y ya en los 90 su estilo fue evolucionando hacia una pintura caleidoscópica y futurista que no le renovó los votos con la posteridad.

Su vida personal sufrió un duro golpe cuando su hijo y su primera esposa, Mary Lou quedaron seriamente heridos en un accidente de coche en 1971 del que él salió prácticamente ileso, lo que le obligó a pintar más para pagar las facturas médicas. Se casaría de nuevo en 1987 con Mimi Thompson, madre de su hija Lily y quien anunció su muerte. Su legado artístico, por su parte, se vio también afectado por un incendio sucedido en 2009 su casa de Aripeka, en Florida, que se llevó la propiedad y muchas de sus pinturas. Pero ni siquiera entonces paró de producir, pues reconocía que “cuando las cosas se vuelven peculiares, frustrantes y extrañas, es un buen momento para ponerse a pintar”.




¿Cuál cree que será su lugar en la historia del arte?
¿Cómo le gustaría ser recordado?

Confieso que me da mucha curiosidad imaginar
si dentro de 50 años mi obra seguirá estando
en alguna parte (risas). Me gustaría poder volver 
a la Tierra para ver si todavía existo...

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Parte de su obra



The Stowaway Peers Out at the Speed of Light, 2000.
oleo sobre tela. 17' 1” x 46'.

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Dog Descending a Staircase, 1982.
Litografía e intaglio - 42×70 in - 106.7×177.8 cm - edición de 33
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James Rosenquist en su estudio frente a una de sus obras : 22Star-Thief
1981-New-York-

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President Elect, 1960–61
Oleo sobre Masonite
(y de donde surgio la idea).

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F-111
su obra mas representativa


F-111 (1964-65)
Oleo sobre tela con aluminio, 
veintitrés segmentos 10 x 86' (304.8 x 2621.3 cm)




(F-111 : vista parcial en donde se aprecia el tamaño relativo de la obra).


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