La delirante campaña del tío Lucas Larreta para donar sangre.
Desde hace varias semanas, la Ciudad luce empapelada con afiches que se ganaron el comentario de muchos.
El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires lanzó una inentendible campaña para donar sangre y uno de sus carteles se viralizó por lo "ridículo" de su razonamiento.
Afiches oficiales de reciente aparición convocan a donar sangre.
Hasta aquí, todo bien.
Pero la cuestión es que para ello apelan a un mensaje curioso.
Por no decir confuso. Por no decir bastante pelotudo.
“Lo bueno de ser metalera es que también podés salvarle la vida a alguien. Donando sangre todos podemos salvar vidas”, asegura el flamante afiche del Gobierno porteño.
Según los especialistas, el mensaje tiene múltiples errores. “Además de que repite eso de ‘salvar vidas’, deja entrever que un metalero no sirve para un carajo”, opinan los expertos. Y aseguran que “aunque eso fuera verdad, es imposible convencer a un metalero diciéndole ‘inservible’”.
La polémica campaña del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires se suma a otras tan o más imbéciles que esta, como aquella que les dice a los porteños: “Vamos a terracear, vamos a morfar, vamos a disfrutar de Buenos Aires”.
La insistente reaparición de la estupidez en las campañas de comunicación oficial motivó que un grupo de académicos realizaran un estudio para determinar “por qué la idiotez se adueña de todo cada dos por tres”.
De esta investigación participaron comunicadores, publicistas, semiólogos, lingüistas, psicólogos y antropólogos. Y todos ellos coincidieron en que “evidentemente la boludez ganó las calles”. Y en este sentido confirmaron el peor escenario.
“Por desgracia es así: las campañas oficiales de Cambiemos están dirigidas a opas, personas con el coeficiente de un escolar que no sabe leer y escribir, votantes del PRO y votantes del tío Larreta”, concluyeron.
Porque fue mi maestro quien me enseñó no solamente cuan poco sabía,
sino también que cualquiera que fuese el tipo de sabiduría a la que yo pudiese aspirar jamás,
no podría consistir en otra cosa que en percatarme más plenamente de la infinitud de mi ignorancia.
Karl Popper (1902 - 1994)

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