Landrú
un humorista clave de la historia argentina
El humorista y dibujante falleció ayer, a los 94 años.
Fue autor de los recordados personajes "Tía Vicenta",
"El Señor Porcel" y "El Señor Cateura".
Landrú publicó su primer dibujo en 1945 en la revista Don Fulgencio, de Lino Palacio, y un año más tarde empezó a colaborar como dibujante humorístico en distintas revistas. Su obra de humor político y social estuvo en las páginas de Rico Tipo, Vea y Lea, El Hogar, Loco Lindo, Medio Litro, Leoplán, Dinamita, Mundo Argentino, Popurrí y Patoruzú, entre otras.
En 1957 creó la revista Tia Vicenta, uno de los símbolos del humor argentino, junto al ilustrador Oski. Se publicó entre 1957 y 1966 y buscaba en sus páginas satirizar las costumbres y usos idiomáticos de la sociedad argentina. En 1966, el presidente de facto Juan Carlos Onganía, molesto por una caricatura en la que lo retrataban, ordenó su clausura. La publicación había llegado a vender más de 450.000 ejemplares semanales.
La familia Cateura
Felipito, el hijo del señor Cateura, prendió un fósforo y lo acercó a una cañita voladora. El señor Cateura, que lo observaba escondido, al ver a Felipito encender el fósforo, se le acercó, lo alzó de los brazos y le dio un sonoro beso en la frente.
–¡Encanto! –le dijo con una sonrisa de oreja a oreja–. ¡Al fin he logrado que seas un terrorista de bien! ¡Al fin he logrado que aprendas a encender bombas!
–No, papá –dijo Felipito–. Esta no es una bomba. Es una cañita voladora, que la prendo para festejar el Año Nuevo.
–¡Demonio de chico! –gritó el señor Cateura con la cara descompuesta por la rabia, propinando a su hijo un furibundo puntapié en la sien–. ¿Qué es eso de festejar el Año Nuevo con cañitas voladoras? El Año Nuevo, bestia inmunda, se festeja haciendo explotar naftoductos, volando puentes ferroviarios e incendiando cinematógrafos.
–¡Pero todo el mundo juega con cañitas voladoras!… –se atrevió a opinar Felipito.
–¡Propaganda masona! –rugió el señor Cateura, al mismo tiempo que encendía un fósforo y quemaba una oreja de su hijo–. Si crees lo que dicen estos vascos masones, muy pronto vas a creer el cuento de que las elecciones se harán en febrero. ¿Pero te crees, desgraciado, que estos canallas van a largar el poder así porque sí? ¿Te crees que los marinos van a dejar el gobierno para volver a sus barcos y resfriarse? ¡Claro! Tú te crees eso porque eres un ignorante, que en lugar de estudiar latín para progresar en el comercio, te pasas encendiendo cañitas voladoras como un mariquita del barrio norte.
–¿Qué es lo que pasa? –preguntó Jezabel, la mujer de Cateura, que entraba en esos momentos.
–Que el degenerado de tu hijo festeja el fin de año encendiendo cañitas voladoras.
–¡Castiga a este demonio sabandija por tonto! –chilló Jezabel–. Que se le meta a esta bestia en la cabeza que las cañas voladoras son una estupidez inventada por la oligarquía para que los niños no estudien el latín y no puedan llegar a ser mañana buenos carniceros.
–¡Eso! –gritó el señor Cateura dando diez espantosas trompadas en la mandíbula de Felipito–. ¡Y como castigo, te tragarás ahora mismo estos ocho libros de latín!
Y luego de encerrar a Felipito en su cuarto con doble llave, el señor Cateura se fue a cumplir una importante misión a Ranelagh.
http://www.landru.org/
https://www.tiempoar.com.ar/articulo/view/68818/a-los-94-aa-os-fallecia-el-gran-humorista-landra




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